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En el lugar que nació tu corazón
Esfinge querida

Esfinge querida

Toda una vida para responder Camila.

Toda una vida para responder Camila.

chanel-smokes:

♡individual/models/pale♡
please-enjoy:

Hoy falleció uno de los grandes de la animación argentina, García Ferré. No tengo palabras para decir la tristeza que me da esta noticia, ya que era una de esas personas que pensaba que no se iban a morir nunca. 
García Ferré creo los personajes más queridos de mi infancia: Hijitus, Anteojito, Trapito, Ico, y muchos más. Me acompañaban cuando salía de la escuela y tomaba la merienda, cuando leía la revista Anteojito, que mamá compraba cada vez que salía. Este hombre nos dio aventuras llenas de ternura, magia, amor y felicidad. 
Espero que esté bien donde sea que esté, y que las nuevas generaciones de chicos puedan disfrutar de sus personajes tanto como yo los disfruté.
Gracias García Ferré. 

please-enjoy:

Hoy falleció uno de los grandes de la animación argentina, García Ferré. No tengo palabras para decir la tristeza que me da esta noticia, ya que era una de esas personas que pensaba que no se iban a morir nunca. 

García Ferré creo los personajes más queridos de mi infancia: Hijitus, Anteojito, Trapito, Ico, y muchos más. Me acompañaban cuando salía de la escuela y tomaba la merienda, cuando leía la revista Anteojito, que mamá compraba cada vez que salía. Este hombre nos dio aventuras llenas de ternura, magia, amor y felicidad. 

Espero que esté bien donde sea que esté, y que las nuevas generaciones de chicos puedan disfrutar de sus personajes tanto como yo los disfruté.

Gracias García Ferré. 

Y hay un montón de chicas entre “grande” y “delgada”, un montón que están más allá de “grande” o “delgada”. También hay un montón de chicas que están entre “gustarse” u “odiarse”. A veces se miran en el espejo y lo que ven es bueno. Otras veces es una lucha encontrar algo que merezca la pena que les guste. Y así es. Creo que siempre ha sido así. Desafortunadamente, empiezo a pensar que siempre será así. Aceptar tu cuerpo es mucho más complicado que “QUERERTE A TI MISMA ES DIFÍCIL”.

"Mi violador no sabe que es un violador. Le enseñáste que no fue culpa suya. Que yo había bebido demasiado, que tonteé con él y que mis shorts eran demasiado cortos. Lo estaba pidiendo a gritos. Me dejó en las escaleras de un parking. Mi (ex)novio me escupió a la cara, me llamó puta. Me lo tenía merecido. Mis amigas me pusieron cara de asco, me llamaron basura, sin darse cuenta de que podrían haber sido ellas. Esta cultura, tu cultura, mi cultura, les dijo, me dijo, que todo esto era culpa mía. Sufrí. Pero mi violador no sabe que es un violador. No estoy avergonzada. Me alzaré en contra de ello"

"Mi violador no sabe que es un violador. Le enseñáste que no fue culpa suya. Que yo había bebido demasiado, que tonteé con él y que mis shorts eran demasiado cortos. Lo estaba pidiendo a gritos. Me dejó en las escaleras de un parking. Mi (ex)novio me escupió a la cara, me llamó puta. Me lo tenía merecido. Mis amigas me pusieron cara de asco, me llamaron basura, sin darse cuenta de que podrían haber sido ellas. Esta cultura, tu cultura, mi cultura, les dijo, me dijo, que todo esto era culpa mía. Sufrí. Pero mi violador no sabe que es un violador. No estoy avergonzada. Me alzaré en contra de ello"

Vamos Juan Carlos, vos puedes.

Vamos Juan Carlos, vos puedes.

Calle 13 - Latinoamérica

soy una fabrica de humo, mano de obra campesina para tu consumo.

El Cautivo

En Junín o en Tapalqué refieren la historia. Un chico desapareció después de un malón; se dijo que lo habían robado los indios. Sus padres lo buscaron inútilmente; al cabo de los años, un soldado que venía de tierra adentro les habló de un indio de ojos celestes que bien podía ser su hijo. Dieron al fin con él (la crónica ha perdido las circunstancias y no quiero inventar lo que no sé) y creyeron reconocerlo. El hombre, trabajado por el desierto y por la vida bárbara, ya no sabía oír las palabras de la lengua natal, pero se dejó conducir, indiferente y dócil, hasta la casa.

Ahí se detuvo, tal vez porque los otros se detuvieron. Miró la puerta, como sin entenderla. De pronto bajó la cabeza, gritó, atravesó corriendo el zaguán y los dos largos patios y se metió en la cocina. Sin vacilar, hundió el brazo en la ennegrecida campana y sacó el cuchillito de mango de asta que había escondido ahí, cuando chico. Los ojos le brillaron de alegría y los padres lloraron porque habían encontrado al hijo.

Acaso a este recuerdo siguieron otros, pero el indio no podía vivir entre paredes y un día fue a buscar su desierto. Yo querría saber qué sintió en aquel instante de vértigo en que el pasado y el presente se confundieron; yo querría saber si el hijo perdido renació y murió en aquel éxtasis o si alcanzó a reconocer, siquiera como una criatura o un perro, los padres y la casa.

J. L. Borges